ADRIAN RIVERA

Los DORMIDOS no cuestionan a la hora de las v@cun@s si contiene: Hek-293, per.C6, Wi38, etc, independientemente si es para el S@R@MPIÓN o no, son LÍNEAS CELULARES que utilizan células de niños y niñas @bort@dos, donde es más valioso que se sustraigan cuando el feto está vivo.
Aparte que es un negocio muy jugoso, la gente tiene miedo inducido y provocado por la falsa información que el NOM quiere provocar para que te vknes y te lo explico con manzanitas:
Suponiendo que hace 60 años, un ladrón mató a sangre fría a un multimillonario y le robó todo su dinero, y ahora en pleno año 2021 ese dinero que se generó de ganancias, el 30 %, se dona a obras de caridad, pensaremos que esa persona es un pan de Dios y que se merece el cielo, pero no investigamos el "ORIGEN", de ese dinero maldito, porque fue sustraído de un asesinato.
Ahora con las vknas es lo mismo, líneas celulares de abortos, de asesinatos de inocentes son puestas supuestamente para prevenir el mal del bicho, inventado para reducir la población mundial, esterilizarlo, moldearlo para que como zombies digan a todo que SÍ.
Informe publicado por: Observatorio de Bioetica UCV.
Si se ponen a disposición del público vacunas contra el COVID-19, en cuya producción se hayan utilizado células de fetos humanos de abortos provocados, estas podrían utilizarse temporalmente hasta que no haya disponibles otras vacunas similares, que se hayan producido sin utilizar tales tipos de células fetales. Es decir, siempre se trata de una autorización temporal hasta que no se disponga de vacunas moralmente aceptables.
En los últimos días se ha suscitado un amplio debate social sobre si es o no moral utilizar vacunas
Contra el COVID-19, en las que, para su fabricación, se hayan utilizado líneas celulares obtenidas de fetos humanos de abortos provocados.
Sobre ello, ya elaboramos e hicimos público, un Informe del Observatorio de Bioética de esta Universidad Católica de Valencia, que ahora complementamos con este nuevo texto.
El presente Informe consta de dos partes bien definidas, una científica en la que se aborda la situación de cómo se encuentran las investigaciones para la obtención de una vacuna contra el COVID-19, y en la que se especifica en qué vacunas se han utilizado para su producción líneas celulares obtenidas de fetos de abortos humanos provocados, y una segunda en la que se reflexiona desde un punto de vista moral sobre si estas últimas vacunas pueden ser o no utilizadas.
Dado el amplio debate suscitado alrededor de este tema, son muchas las opiniones vertidas sobre ello, tanto por científicos expertos en estas materias, como por entidades o personas con alguna representatividad religiosa o moral.
Esta multiplicidad de opiniones puede dificultar el esclarecimiento de este debate. Por ello, en este Informe hemos preferido utilizar para el debate científico el informe de la Organización Mundial de la Salud, de fecha 27 de mayo de 2020 y para el debate moral dos informes de la Pontificia Academia para la Vida, publicado en 2005 y 2017.
En relación con el aspecto científico, en el informe de la OMS se especifica que en el momento actual existen 136 proyectos en marcha para desarrollar una vacuna contra el COVID-19. De ellos, según se indica en la revista Science de 12 de junio de 2020, solamente en seis se están utilizando, para la producción de la vacuna, líneas celulares obtenidas de fetos humanos de abortos provocados.
Pero antes de seguir adelante, conviene recordar que, en realidad, no se trata de células obtenidas de abortos actuales, sino de células producidas a partir de dos líneas celulares fetales generadas en las décadas de los 70/80 del siglo pasado a partir de abortos provocados. La primera de ellas, la HEK-293, se obtuvo de riñones de un feto abortado.
Es ésta una línea celular que ha sido ampliamente utilizada en la investigación científica y en la industria. La segunda es la PER-C6,
línea de células producida por la firma farmacéutica Janssen, filial de Jonhson & Jonhson, que se obtuvo de células de retina de un feto de 18 semanas abortado en 1985.
Ambas líneas celulares han sido desarrolladas en el laboratorio de biología molecular Alex Van der Eb, de la Universidad de Leiden, en Holanda.
De los seis proyectos de producción de vacunas en los que se han utilizado las células fetales humanas anteriormente comentadas, hay dos proyectos, uno chino, promovido por la firma CanSino Biologics Inc., del Instituto de Biotecnología de Pekín, y otro de la Universidad de Oxford, en colaboración con la firma farmacéutica AstraZeneca que ya están en fase de ensayo clínico, el primero en fase 2 y el segundo acaba de pasar a la fase 3. Los otros cuatro aún no han iniciado los
ensayos clínicos. Por otra parte, de los 130 proyectos en los que no se han utilizado las referidas líneas de células fetales humana, solamente uno, el promovido por Moderna / NIAID, está en fase 2.
Esta nos parece que es la situación científica actual de los proyectos de producción de una vacuna contra el COVID-19. Otras siete vacunas estarían siendo probadas en ensayos clínicos, en fases menos avanzadas, ninguna de las cuales se estaría investigando mediante el uso de células fetales.
¿Es moral el uso de estas vacunas?
En relación con la valoración moral de su uso, existen dos documentos de la Pontifica Academia por Vida, que creemos abordan el tema de una manera exhaustiva.
En el primero de ellos, de 2005, titulado, “Reflexiones morales sobre las vacunas preparadas apartir de células derivadas de fetos humanos abortados”, se realiza una amplia valoración moral sobre el tema, haciendo especial referencia al tema de la “cooperación al mal” desde un punto de vista de la doctrina moral católica, estableciendo una clara distinción entre lo que es una
“cooperación material” y una “cooperación formal”, a la vez que dentro de la “cooperación material” distingue dos categorías, la cooperación inmediata (directa) y la mediata (indirecta).
Tras una amplia reflexión en este sentido, el documento concluye que “Hay que especificar que esta reflexión moral se hace al hilo de utilizar vacunas contra determinadas enfermedades infantiles”, pues entonces, naturalmente, no se había planteado la vacunación contra el COVID-19,
pero la valoración moral establecida en ese documento es a nuestro juicio, perfectamente
extrapolable al juicio moral sobre la vacunación contra el COVID-19.
En 2017, la misma Academia Pontificia para la Vida, en un documento en colaboración con la
Conferencia de Obispos Italianos, sigue reflexionando sobre el uso de este tipo de vacunas. En primer lugar, hace notar que “hoy día no es ya necesario obtener células de nuevos abortos voluntarios y que las líneas de células en las que las vacunas han sido basadas se derivan de dos líneas de fetos originalmente abortados en la década de los 60 del siglo pasado”. También se indica
que, “a la luz de los avances médicos y otras características en la preparación de las vacunas, la valoración moral, sobre el uso de estas vacunas debería ser revisada y actualizada, haciendo especial hincapié en el hecho de que las líneas celulares actualmente utilizadas se obtuvieron de abortos provocados hace mucho tiempo y que, por tanto, una evaluación ética negativa de su uso
no es fácil de establecer”. Por otro lado, “la obligación moral de garantizar la vacunación para una cobertura de la salud de otros es no menos urgente, especialmente en cuanto se refiere a la seguridad de los más vulnerables, tales como las mujeres embarazadas y aquellas personas afectadas de procesos de inmunodeficiencia”.
Por todo ello, la Pontifica Academia concluye que “las características técnicas de la producción de las vacunas más comúnmente utilizadas en la infancia nos llevan a excluir que existe una cooperación moralmente relevante entre quienes usan estas vacunas hoy en día y la práctica del aborto voluntario.
Por lo tanto, creemos que todas las vacunas recomendadas clínicamente pueden
usarse con la conciencia tranquila y que el uso de tales vacunas no significa algún tipo de
cooperación con el aborto voluntario”.
Uso temporal de las vacunas
Resumiendo todo lo anteriormente expuesto, nos parece que si se ponen a disposición del público vacunas contra el COVID-19, en cuya producción se hayan utilizado células de fetos humanos abortados voluntariamente, estas podrían utilizarse temporalmente hasta que no haya disponibles otras vacunas similares, que se hayan producido sin utilizar tales tipos de células fetales. Es decir, siempre se trata de una autorización temporal hasta que no se disponga de vacunas moralmente
aceptables.
En relación con ello, en los datos científicos que se han comentado, solamente existe un ensayo clínico en fase 2, el de Moderna / NIAID en el que no se han utilizado células fetales, por lo que es posible que éste esté a disposición del público paralelamente a los dos ensayos en los que se han utilizado células de fetos humanos abortados. Si en algún momento estuvieran disponibles estas 3 vacunas, indudablemente, desde un punto de vista moral, habría que utilizar la que no ha usado para su producción células de fetos de abortos humanos provocados.
Esta autorización moral no excluye la obligación de que científicos, autoridades eclesiásticas, organizaciones sociales e incluso individuos particulares, tengamos que animar, por todos los medios moralmente posibles, para que se pongan todos los esfuerzos necesarios en la consecución
de vacunas en las que para su producción no se hayan utilizado células de fetos humanos de abortos provocados.
Las células HEK 293 tienen un cariotipo muy complejo, mostrando dos o más copias de cada cromosoma y con una moda cromosomal de 64.[6][5] Han sido descritas como hipotriploides, conteniendo menos de tres veces el número de chromosomas de una célula diploide humana normal. Las anormalidades cromosómicas incluyen un total de 3 copias para el cromosoma X, y cuatro para el cromosoma 17 y el cromosoma 22. La presencia de múltiples cromosomas X y la ausencia de cromosoma Y sugiere que el feto original era una niña.
Las HEK-293 se generaron en 1973 por transformación de cultivos de riñón embrionario humano normal con DNA de adenovirus 5 en el laboratorio holandés Alex van der Eb's. Las células embrionarias de riñón fueron obtenidas por un feto aparentemente sano abortado de forma legal bajo la ley alemana. La identidad de la madre y la razón del aborto son desconocidas.[1] Las células fueron originalmente cultivadas por el propio Van der Eb, y la transformación con adenovirus fue realizada por Frank Graham, en ese entonces realizando un post-doc en el laboratorio de Van der Eb. Este procedimiento fue publicado en 1977 después de que Graham abandonara el laboratorio para ir a la universidad McMaster en Canadá.[2] El número 293 proviene del hábito de Graham de numerar sus experimentos, y este clon celular simplemente fue un producto de su experimento número 293.
Es interesante remarcar que Graham realizó la transformación en ocho ocasiones y solo consiguió un clon de células que se podían cultivar durante varios meses. Después de adaptar las células desde este clon finalmente consiguió desarrollar la línea estable HEK 293.
Las células embrionarias de riñón humano 293, también conocidas como HEK 293, HEK-293 o, de forma menos precisa, células HEK, son una línea celular proveniente de células de riñón de embrión humano. Estas células son muy sencillas de cultivar y se transfectan fácilmente, por lo que se han usado ampliamente durante muchos años para la investigación en biología celular. Además, se utilizan también en la industria biotecnológica para producir virus y proteínas para terapia génica.
La transfección es el proceso de introducir material genético (ADN/ARN) en células eucariotas para estudiar la función génica o la expresión de proteínas. Se logra mediante métodos físicos (electroporación), químicos (lípidos catiónicos) o biológicos (virus), siendo fundamental en investigación, terapia génica y producción de proteínas recombinantes.

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excelente!! pero la gente prefiere mirar para otro lado.... HASTA QUE TODOS DEMOS CUENTAS ANTE EL TRIBUNAL DIVINO. GRACIAS ADRIAN